viernes, 25 de noviembre de 2016

Fray Ave María y el milagro del agua

 En la familia de los ermitaños de Don Orione se destaca por la luz de santidad, fray Ave María, de quien comenzó el proceso de beatificación.
Quedó ciego a la edad de doce años y en el encuentro con Don Orione encontró la fuerza no sólo para aceptar la cruel desgracia, sino también para santificarse y volverse, en el ermitorio de San Alberto, punto de segura referencia para tantas almas en busca de luz.
Entre los episodios más célebres de la vida del humilde fraile ciego, está el del denominado milagro del agua  en el pozo de la abadía de San Alberto. El hecho es interesante porque los dos santos protagonistas se daban uno al otro la culpa de lo sucedido. Narra Don Orione:


“Cuántas veces les he hablado del hecho estrepitoso de Plácido y Mauro discípulos de San Benito... Nosotros no necesitamos salir de nuestra casa, si deseamos ver cómo Dios premia la obediencia.
Un año, hacía ya meses que yo iba magnificando a los clérigos de esta casa el eremitorio, sus bosques de castaños, los frailes ciegos y no ciegos, las pinturas y los frescos de santos que hay en San Alberto; y muchos de los que me escuchan lo recordarán. Y todos estaban entusiasmados por el hecho de pasar allá un período de vacaciones. Allí había un sacerdote muy culto.
Cuando se debía partir desde Tortona para San Alberto (treinta km. a pie, a través de las colinas), me llega uno enviado por el P. Draghi (rector y párroco), a decirme que no había más agua en el pozo. Había sido alarmado por ese sacerdote culto, el cual me sugería no mandar a los clérigos porque -me decía- ¿si tú mandas cincuenta o sesenta clérigos cómo harán para lavarse, y tener agua en la cocina? Esto atentaría también contra la higiene...
Miren que él era y es muy higienista. ¿Pero cómo hacía yo para desautorizarme delante de mis clérigos? ¿Qué les podía decir después de haber hablado tanto de los bosques, los pájaros, los frailes y la quietud del ermitorio? ¿Qué pensarían? Podrían decir: “Eh, promete tantas cosas Don Orione...”.
Ese sacerdote pataleaba; no pataleaba el P. Draghi, pues no es capaz de patalear. Éste tenía también los pequeños huertos, allá arriba  y le interesaban... Era profesor de gastronomía y vegetariano; y durante la guerra sembró tantas cebollas y plantó repollos y achicorias en las retaguardias del frente. Y entonces le dije al joven que me habían enviado: “Vuelva, porque no necesitaremos ir con los bueyes y el barril a sacar agua de otro lado. Dígale a Fray Ave María que vaya a la boca del pozo y recite tres Padres Nuestros y Dios bendecirá la obediencia”.
Éste va arriba, llega y anuncia que los clérigos mandados por Don Orione estaban ya en camino. Imagínense a ese sacerdote: “¡Pero están locos! ¡Pero qué hacen!”.
Entre tanto Fray Ave María, obediente, va a la boca del pozo y con gran devoción dice los tres Padres Nuestros, y luego baja el balde, y todos están allí para ver... Ante la sorpresa de todos, también de aquellos que habían sacado del pozo la “nita”, o sea solamente lodo del fondo, barro, sube un hermoso balde de agua límpida, fresquísima, riquísima. Y entonces fueron inmediatamente a llamar a ese sacerdote el cual, para asegurarse del prodigio y convencerse, dado que desconfiaba, hizo extraer unos veintiséis baldes de agua para regar sus huertos, sus ensaladitas...
Y entre tanto se oían ya los gritos de los postulantes y los monaguillos que cantaban y que llegaban casi a la carrera, en grupos, deteniéndose sólo a comer moras y a dar ciertas sacudidas a las plantas.


Llegaron los clérigos y hubo abundancia de agua para todos, durante el mes en que se quedaron allá; pero el día siguiente de su partida, el agua faltó imprevistamente; y esto también como prueba del prodigio, del prodigio operado por la obediencia humilde de fray Ave María”. Así lo narraba Don Orione.
Por su parte el pío ermitaño atribuía la gracia a la fe de Don Orione y a la protección de San Alberto que amaba verse rodeado por tantos futuros sacerdotes y a la oración de todo el personal religioso presente en el ermitorio. Minimizaba, en humildad sincera y caridad fraterna, la propia parte. Y confirmaba que el agua no faltó nunca durante la permanencia de los clérigos, que usaban mucha. “Cuando se fueron los clérigos, el posó se secó”.

Fuente: "Florecillas de Don Orione"

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Consultorio médico gratuito de Nueva Pompeya.

P. Facundo Mela

           El 10 de noviembre de 1936, Don Orione junto con el Consorcio de Médicos Católicos y Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul (conocidas como las Damas Vicentinas) daban inicio a un consultorio médico gratuito en el barrio porteño de Nueva Pompeya.
        Al cumplirse 80 años de la apertura aquella obra de caridad, queremos hacer memoria agradecida, rememorar sus inicios y reflexionar sobre las intuiciones del Fundador.

          El 9 de octubre de 1936, Don Orione pronunció un discurso en la “Hora Católica” por LR1 Radio “El Mundo”, explicando que era el Pequeño Cottolengo Argentino y anunciando la apertura del consultorio para obreros:

“Hoy se prepara a abrir un Consultorio Médico Gratuito para los obreros, en uno de los barrios más pobrecitos, cerca de Nueva Pompeya. El consultorio funcionará en las horas en que los obreros estén libres de su trabajo. Estará dirigido y atendido por el Consorcio de Médicos Católicos”.

            Junto con la publicidad radial, un panfleto fue distribuido en el barrio:


  
            El 10 de noviembre de 1936 fue la inauguración: “Como hemos informado, ayer a las 18 fue inaugurado un consultorio médico gratuito para obreros, en la Calle Lynch 3634” (Diario “El Pueblo”, 11 de noviembre de 1936). Al día siguiente, Don Orione lo compartía con el P. Sterpi:

“Aquí se inauguró ayer, con la más amplia bendición del Card. Arzobispo, el 1º Consultorio Médico gratuito para obreros de cualquier tendencia.
Esta en nuestra parroquia de la Divina Providencia, un barrio todo de obreros y muy difícil. Esta bajo los auspicios del Cottolengo y fue iniciado por la Obra del Pequeño Cottolengo Argentino. Tengo la casa para uso, gratuita y puesta a nuevo, y pronto será ampliada, los instrumentos y todo lo necesarios son gratis. El Consorcio de Médicos Católicos se encarga de conducir la institución y ayudará con las medicinas.
Espero, con la ayuda divina, de abrir otros en algún otro centro obrero. Es necesario ir al pueblo en todos los modos más santos, ¡y llevarlo a la fe! Ayúdame, rezando. Puse esta iniciativa a los pies del Divino Samaritano y de María Ssma., Salud de los enfermos, Madre de la caridad; la confíe al Evangelista San Lucas, que era medico, al Cottolengo y también a San Martín, obispo de Tours, patrono principal de Buenos Aires, en la vigilia de cuya fiesta desee se realizase la inauguración. Deo gratias!
Ahora miro a Avellaneda, una ciudad de más de 100.00 habitantes, el mayor aglomeración de obreros de Argentina, separada de Buenos Aires por un pequeño rio; ya tengo el local; un poco veo de hacer comenzar el 1º y luego doy manos a la obra en el 2º, in Domino. Ustedes, recen, recen; será una nueva forma de Cottolengo, un desarrollo de la Obra, según las necesidades de los tiempos”.



            Y al entonces seminarista Enrico Sciaccaluga:
           
“Mira que ahora aquí se ha comenzado también la Obra de los ambulatorios para obreros. El P. Sterpi te informará, le escribí: es como un apéndice del Pequeño Cottolengo Argentino, y está hecha en común con el Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires; es una obra social que podrá hacen que Dios entre en muchas familias de las cuales Dios está afuera”.

            Los contenidos del panfleto, del discurso radial y de los escritos nos ponen en contacto con el pensamiento de Don Orione sobre el Consultorio Médico: una obra abierta a todos, ubicada en una periferia, con numerosas especialidades médicas y horarios convenientes, llevada adelante con otras instituciones y con un carácter cristiano.
            No podemos dejar de destacar que para Don Orione, el ambulatorio médico no era sólo una nueva actividad, sino también “una nueva forma de Cottolengo, un desarrollo de la Obra, según las necesidades de los tiempos”, “un apéndice del Pequeño Cottolengo Argentino”.



La “obra de los ambulatorios” era forma de caridad nueva, menos institucional y de avanzada, “una nueva forma de cottolengo” en palabras de Don Orione. Una obra de caridad para los pobres obreros que sólo funciono un año a causa de malentendidos y discusiones. Los santos también experimentan en su vida el fracaso y la cruz.
Sus hijos e hijas siguiendo su espíritu, plasmaron el sueño de Don Orione abriendo ambulatorios, consultorios y dispensarios médicos, e incluso un hospital, en lugares como Kenya, Filipinas, Brasil, Togo, Madagascar, etc.



domingo, 30 de octubre de 2016

“Los desamparados”: una palabra carismática querida para Don Orione

P. Flavio Peloso
           
            Don Orione pasó en Argentina gran parte de los tres años que van de 1934 a 1937. En este tiempo comenzó a hablar y a escribir algo en español, por la necesidad de comunicarse directamente con las personas y en virtud de la inculturación, queriendo “hacerse argentino con los argentinos”.
En sus escritos y discursos en italiano, mientras estaba en América Latina y también después de su vuelta a Italia, aparecen palabras y expresiones en español. Una palabra, en particular, le pareció particularmente querida y la usó frecuentemente: los desamparados. La expresión merece una profundización no en cuanto a sus detalles lingüísticos sino porque se convirtió en un término carismático.
            Parto de algunas notas que un cohermano argentino, Facundo Mela, me ha enviado al respecto sobre el significado etimológico del término desamparados.[1]


            ¿Qué significa desamparado?
La palabra desamparado es el participio pasivo del verbo desamparar, cuyo primer significado es abandonar, dejar a alguien sin protección (amparo) y sin la ayuda de algo que necesita.[2]
            El prefijo des-indica la negación del significado de la palabra a la cual se antepone; indica privación, ser «sin».
El verbo amparar significa proteger, socorrer, dar refugio, poner a cubierto; valerse de la ayuda o protección de alguien o de algo.
El sustantivo amparo significa acción y efecto de proteger o protegerse; protección, ayuda, sostén, patrocinio; remedio, abrigo, asilo, refugio; significa persona o cosa que proteje.
            Por tanto, desamparado tiene un significado concreto, material (quien no tiene resguardo, abrigo, asilo, refugio, un lugar donde protegerse), pero tiene un significado moral y relacional (quien está sin ayuda, quien no tiene una persona a quien recurrir, que pueda preocuparse por él).

Para entender el significado de amparo y por consiguiente de des-amparados, nos puede servir de ayuda el texto de la oración mariana más antigua y de todos conocida, el Sub tuum praesidium confugimus.[3]Pues bien, en español es traducida como “Bajo tu amparo nos acogemos”. En italiano se vuelve “bajo tu protezione buscamos refugio”; de modo similar en Inglés es “We fly to Thy protection”. Se aleja un tanto la traducción francesa: “Sous l'abri de ta miséricorde, nous nous réfugions”. Ésta última traducción es la más fiel al significado originario del texto griego de la oración, donde aparece el término εὐσπλαγχνία que normalmente es traducido con misericordia y hace referencia al σπλάγχνα, esto es a las vísceras maternas, en Hebreo raHámîm.
Éste es el refugio al que el orante recurre invocando a María: el útero, el regazo, las entrañas maternas, de las que derivan los sentimientos de misericordia y compasión y los actos de acogida, de protección, de ayuda.
De estas primeras noticias etimológicas rescatamos la indicación de que los des-amparados son aquellos que tienen necesidad de refugio concreto y de misericordia del corazón, de ayuda (pan, techo, salud) y de compasión, de servicios y de relaciones.

            Don Orione, que en su vocabulario apostólico tenía ya recogida una infinita letanía de nombres y de situaciones de pobres y de pobreza, fue golpeado por esta palabra española que encontró, quizás más completa y expresiva que otras para aclarar su concepto de “providencia” y de “pobres”: desamparado es quien no tiene providencia.



            Algún texto de Don Orione
            Don Orione conoció y usó el término español desamparado sobre todo cuando se puso a idear, promover y realizar el Pequeño Cottolengo Argentino de Claypole.
            El primer documento que testifica el uso del término por parte de Don Orione es el discurso radiofónico en la Radio Callao, el 25 de abril de 1935, algunos días después de la bendición de la primera piedra del Pequeño Cottolengo de Claypole. En los apuntes escritos para este discurso leemos: “He venido a la Argentina, para ponerme en manos de la Divina Providencia, como humilde instrumento para ayudar y consolar a los miembros más doloridos y desamparados de su sociedad, fundando un Pequeño Cottolengo”.[4]
Dos días después, el 27 de abril, usó desamparados en un texto italiano: “En el Cottolengo se vive alegremente: se reza, se trabaja, en la medida que lo permitan las propias fuerzas: se ama a Dios, se ama y se sirve a los pobres. En los desamparados se ve y se sirve a Cristo, en santa alegría”.[5]
            Predicando los ejercicios espirituales (6-15de enero de 1936)en la “Casa de Lanús” (Villa Dominico), junto al Padre Rodolfo Carboni, Don Orione dio una de sus definiciones de desamparados.“Nosotros no estamos para los nobles, para los hijos de los ricos, para las altas clases sociales. Los Hijos de la Divina Providencia viven de la merced de Dios, de la vida de trabajo y de pobreza, sólo debemos estar para los pobres, para los más pobres, para los deshechos, para los desamparados (para los abandonados) de la sociedad”.[6]

Don Orione traduce desamparados con abandonados. Y así se volvió una palabra clave del Pequeño Cottolengo, porque señalaba a sus destinatarios:
-          “los nuevos pabellones para los desamparados”;[7]
-          “la Institución del «Pequeño Cottolengo», destinada a proporcionar triple ayuda, social, moral y material a los desamparados de la sociedad”;[8]
-          “Pequeño Cottolengo, institución de caridad que recibe gratuitamente a las personas más desamparadas”;[9]
-          “institución de carácter social, moral y material, acoge gratuitamente a los desamparados de cualquier nacionalidad y de cualquier religión, que no encuentren refugio en otros institutos de beneficencia”;[10]
-          (A amigos y bienhechores) “Procuren acordarse siempre de estos hermanos nuestros desamparados. ¡Dios perdona muchas cosas por una obra de misericordia!”.[11]
           
Don Orione presentaba a San José Benito Cottolengo como “el Santo de los desamparados”;[12] y animaba a “llenarnos de fervor en el amor de Dios y de los hombres, especialmente de los más humildes y de los más abandonados e infelices, mirando al Santo que es el protector de los desamparados. Aprender de él el camino.[13]


Desamparados: es una condición
Pensándolo bien, los desamparados, de los que habla Don Orione,no son una nueva y particular categoría de pobres, sino que son los pobres en situación de “abandono”. ¿Son éstos para Don Orione los más pobres?”.En algunos escritos hace una identificación: desamparados=sin providencia humana.
Los más pobres entre los pobres son aquellos a los que nadie provee y no pueden ser acogidos en otros institutos”.[14] De hecho, Aquellos que tienen protección de otra parte, para ellos ya hay una providencia de los hombres, nosotros somos los de la Providencia Divina, es decir que nosotros estamos para atenderá quien le falta y ha agotado toda providencia humana. Donde acaba la mano del hombre, allí comienza la mano de Dios”.[15]
En esta asistencia a los más pobres, a los desamparados Don Orione revela no sólo una sensibilidad humano-social, sino una elección carismático-pastoral: la caridad hacia “los más abandonados, los más desamparados” era para él el signo público y simple, eficaz y convincente, “para experimentar la Providencia de Dios y la maternidad de la Iglesia”.

La institución símbolo, fundada sobre el criterio de la elección de los más pobres en el sentido de los más desprovistos de providencia humana fue y es ciertamente el Pequeño Cottolengo. Para el santo Cottolengo, al igual que para Don Orione, “entre todos los pobres, el Pequeño Cottolengo acoge a aquellos que están más abandonados y a los rechazados por todos. Para ser aceptados de hecho se requiere que no hayan encontrado providencia de los hombres”.[16]
En los tiempos del Fundador, la categoría más abandonada a sí misma y los más desprovistos eran los así llamados deshechos de la sociedad”, es decir personas con graves limitaciones físicas y psíquicas. Ocurrió de este modo que nuestros Pequeños Cottolengos fueron identificados popularmente como lugares de acogida para estas categorías de personas. Pero de por sí el Pequeño Cottolengo estaba “abierto a todos aquellos que el mundo rechaza”,[17]para quien no tiene otro refugio”. Por esto alojaba, con una sorprendente y fascinante convivencia, también a huérfanos, ancianos abandonados o desadaptados por diversos problemas (hoy se diría out cast, border line), persone fuera de cualquier esquema de fichas, de categoría, de institución, y sobre todo de subvenciones.

Y ¿hoy?

Me doy cuenta que los conocimientos ideales y prácticos que se reclaman son muy importantes en el momento en el que, hoy, debemos inculturar el carisma en las nuevas situaciones sociales con nuevas respuestas y nuevas formas. También hoy hay personas y grupos enteros de personas que están fuera de la mesa prevista del welfare estatal o privado, sin puesto y sin los requisitos para la inserción en las instituciones subvencionadas de la providencia-previsión social. Son o están desamparados. ¿Tenemos aún espacio para estas personas? Con qué formas e instituciones podemos aún tener “abierta la puerta del Pequeño Cottolengo” o abrir otras puertas adaptadas para responder a las situaciones de los desamparados de hoy?[18]
“Sólo debemos estar para los pobres, para los más pobres, para los deshechos, para los desamparados (para los abandonados) de la sociedad”.[19]Este clavo fijo de nuestra finalidad carismática no vale sólo para los Pequeños Cottolengos o para las otras instituciones caritativo-asistenciales. Vale también para nuestras “parroquias en zonas pobres”,[20] para las “escuelas y colegios para muchachos pobres y de clase trabajadora”.
La perspectiva de los desamparados da un focus a toda la identidad y actividades orionistas. De hecho, el término desamparados indica mucho más que una categoría sociológica de pobres. Sugiere un destino, una dinámica y un estilo de servicio y de apostolado que el Papa Francesco está proponiendo apasionada y ejemplarmente a toda la Iglesia.

Concluyendo
Ninguna incertidumbre, por tanto, los más pobres” de Don Orione y de los Orionistas son “los más abandonados”, los “desamparados”, los más desprovistos de otras providencias.  Al caracterizar el “privilegium orioninum” para los pobres y su mayor o menor grado de abandono y de falta de otras providencias: “Nosotros somos de la Providencia Divina, esto es no estamos más que para atender a quien le falta y ha agotado toda providencia humana.[21]
La inculturación/renovación del servicio a los “pobres más pobres” en las actuales situaciones sociales es un punto fundamental para la custodia y la promoción del carisma orionista. Se está realizando con nuevas salidas hacia los más pobres en las nuevas misiones, pero también en las Provincias consolidadas, como en Italia, mediante grupos de ayuda, centros de escucha, casas familias para la vida naciente, pequeñas instituciones para menores en dificultad, iniciativas de acogida para emigrantes, ambulatorios gratuitos para pobres, iniciativas de sustento para pobres fuera de las instituciones, etc.
En cuanto religiosos y en cuanto comunidades orionistas debemos irnos “in prima linea Pro Providentia!”.[22]De otro modo terminaremos fuera de juego. Un Orionista fuera del campo de los pobres desamparados está fuera de juego y no podrá marcar su goal[23]carismático.





[1]Cf. F. Mela, Don Orione expresándose en español, “Messaggi di Don Orione”, 2011, n.136, p. 65-70; Don Orione parla spagnolo, “Messaggi di Don Orione”, 2013, n.140, p. 79-84.
[2]Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, Madrid, Espasa Calpe, 199221. Emilio M. Martinez Amador, Diccionario bilingue, italiano – español, 1988.
[3]El Sub tuum praesidium [Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν] es el más antiguo tropàrion devocional a Maria, en lengua griega, del III siglo y aún hoy muy usado en todo el mundo cristiano.
[4]En el texto dactilográfico, en español, hay señales escritas a mano para facilitar la pronunciación; Scritti 115, 183-185b.
[5]En el artículo Il Piccolo Cottolengo Argentino, firmado por Don Orione, en el Boletín “Piccola Opera della Divina Providenza”, 1935, n.5, p. 8-11.
[6]En Parola VI, 257.
[7]Invitación al Piccolo Cottolengo de Claypole, Buenos Aires, mayo de 1936; en el Archivo Provincial (Buenos Aires)3, Caja 3.
[8]Invitación al Pequeño Cottolengo de Claypole, Buenos Aires, 19 de julio de 1937; Scritti105, 223 y 118, 161.
[9]Borrador dactilográfico en español, con correcciones autógrafas, Buenos Aires, 2 de febrero de 1937; Scritti 75,121.
[10]Borrador para la planilla al “Señor Administrador de la Compañía Telefónica”; Scritti89, 36.
[11] Boletín Pequeño Cottolengo Argentino, junio de 1936.
[12]Scritti61, 175 e 180; “de los desamparados” es español, mientras que el texto es en in italiano.
[13]Scritti 61,175; “de los desamparados” se encuentra en el texto italiano.
[14]Scritti, 108, 55.
[15][15]Scritti 97, 251. “Ojalà que nuestro “Cottolengo” argentino llegue a ser un día, en medio de esta gran urbe, el árbol de brazos anchos y amigos que convide a poner en ellos su nido a las aves espirituales vagabundas, sin calor de nido ni reparo de fronda, que son los pobres desamparados! Que asì sea”; Scritti 115, 185b.
[16]Scritti 81, 226.
[17]Scritti97, 251.
[18]Los desamparados, salvo pocos casos, han ido desapareciendo de nuestros Pequeños Cottolengos de naciones como Italia, Brasil, Argentina, Chile, España y donde quiera que haya una legislación socio-sanitaria más evolucionada, exigente y que paga. Pero no van desapareciendo las personas y las categorías de pobres desprovistos de todo. Los Pequeños Cottolengos, entendidos como “arca de Noé” en los que siempre hay un puesto para las diversas miserias y necesidades de emergencia, se han ido transformando, en muchos casos, en residencias sanitarias cualificadas y financiadas para algunas categorías específicas.
[19]ParolaVI, 257.
[20]La Norma 132 dice: “Se aceptan parroquias situadas en zonas pobres, donde sea posible un testimonio de caridad en las formas que las épocas y las necesidades requieran, dispuestos a dejarlas en el momento que cambie el contexto socio-económico”.
[21]El art. 119 de las Constituciones: “Dedicados a los pobres y necesitados, queremos considerar un privilegio servir a Cristo en los más abandonados y rechazados”. La Norma 120: “El espíritu de caridad propio de Don Orione debe llevarnos a resolver los casos urgentes y de piedad que la Providencia pueda mandarnos, también a costa de riesgos e incomodidad. En los centros grandes deberá haber dispuesto un local que pueda servir de asilo nocturno de emergencia. En la aceptación, daremos precedencia absoluta a los casos más pobres, sin dejarnos condicionar por valoraciones económicas”.
[22]Scritti 64, 322.
[23]Significa meta, finalidad, objetivo.

viernes, 14 de octubre de 2016

"...que la escuela sea alegre..."

            En 1935, Don Orione asumía “la Casa de Lanús” (hoy, Villa Dominico). Allí abrió la primera casa de formación para sus religiosos en Argentina y el colegio San Vicente de Paul, una pequeña escuela primaria para los niños del barrio.

           En septiembre de 1937, a poco de su vuelta a Italia, Don Orione envía una hermosa carta al P. Cesar Di Salvatore, donde encontramos directivas de cómo tenía que ser la casa de formación y la escuela



Un tratado de cómo deben ser las escuelas orionitas:

“En Lanús deben estar solamente los aspirantes y los novicios, y algún hombre apto para los servicios de la casa, con tal que no disturbe el espíritu de la casa y viva las prácticas de piedad de la casa, como si fuera un religioso (…)

         Y que la escuela sea alegre, como un entretenimiento, como una recreación: hacer amar la escuela, hacer amar la escuela, tenerla viva y vivaz, también con palabras de consuelo, con chistes: para no cansarlos, sino encariñarlos al estudio y la vocación.

No les grites, no los mortifiques, sino anímalos siempre, ¡siempre!

          Cuida su piedad y la vida religiosa pero con simplicidad, sin exageraciones, sin que pese: la religión no debe jamás pesar, no debe ser una campana de plomo aplastante, sino un rayo sereno de cielo que conforte y eleve el espíritu.

Ten esto como regla general. Celebraciones breves.

Ten en la mano el corazón de tus jóvenes, para ellos sé un padre en Cristo y una madre en Cristo como el P. Cremaschi.

Sé siempre leal, veraz y sincero; para que tengan plena estima y plena confianza en ti”.



viernes, 23 de septiembre de 2016

Don Orione y el Padre Pío

 El Padre Pío y Don Orione no se conocieron nunca personalmente. Sin embargo ambos dijeron conocerse. Cada uno sentía una ilimitada estima por el otro... Don Orione, entre otras cosas, se ocupó muchísimo ante la Santa Sede para que le fueran quitadas las famosas restricciones a la libertad del padre capuchino.



Al respecto tenemos una interesante carta del orionita P. Giuseppe Dutto el cual, respondiendo a una pregunta del padre capuchino Carmelo da Sessano, que estuvo muy cerca del estigmatizado del Gargano, se expresó así: “Satisfaciendo con gusto su deseo, pondré aquí por escrito lo que he escuchado decir a Don Orione del Padre Pio de Pietrelcina. Estábamos en Buenos Aires... En esos días habían prohibido varios libros que trataban del Padre Pio y, si recuerdo bien, también habían prohibido visitarlo... Un día del año 1936 o tal vez 1935 le pregunté a Don Orione a qué se debía esta prohibición... y Don Orione, a media voz, como quien dice algo que debe ser reservado, aunque cierto, dijo: “Es la sinagoga que continúa...”. Y expresaba así su disconformidad con lo que sucedía.


En esa circunstancia le pregunté también a Don Orione si conocía al Padre Pío. Don Orione respondió que no se habían visto nunca, pero se conocían. No quiso dar otra explicación. Como ve, es muy poca cosa lo que se dé la relación de Don Orione con el Padre Pío; pero sé que Don Orione tenía una gran veneración por él y escuché también que el padre Pío tenía una verdadera veneración por Don Orione.



Un abogado de Montevideo, un convertido ahora muy fervoroso, hablando con el Padre Pío en San Giovanni Rotondo, dijo que conocía a Don Orione (lo había visto en Montevideo, muchos años atrás) y entonces el Padre Pío le dijo a ese abogado, refiriéndose a Don Orione: “¡Ese sí que es un santo!... ¡Yo no soy ni siquiera digno de tocarle el borde del hábito!...”.


“Doy fe de lo que he escrito, asegurando que corresponde a la verdad”. (Cfr. Casa sollievo della sofferenza, San Giovanni Rotondo, a. 1993, Nº 13, pág. 11).




Fuente: Florecillas de Don Orione





jueves, 1 de septiembre de 2016

Don Orione y la Biblia

Algunos textos breves que nos presentan el interés de Don Orione por la lectura y conocimiento de la Sagrada Escritura. Investigación del P. Vicenzo Alesiani. 


Con una biblia en la mano

Buenos Aires, 8 de mayo de 1935.
Calle Victoria 2084. Patrocinio de San José

Querido Sciaccaluga:
        Con las hermanas que vienen, mándame una copia de la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento), en italiano, del P. Sales, dominico y maestro de los Sagrados Palacios Apostólicos, - la vende la librería Internacional Salesiana, aquella que me enviaron, la perdí en el tren (Scritti 27, 220).



Aconsejando leer la Biblia

           Ese año lean este libro (de Tobías) al menos dos veces: les hará mucho bien.
           Lean también y aprendan de memoria los Salmos, los Santos Evangelios, las cartas de los Apóstoles y también algunos libros del Antiguo Testamento, como el Eclesiastés. Con la lectura de estos libros su corazón se formará en sentimientos de bondad, de humildad, de verdad: sentimientos que deben regir la vida de todo hijo de la Divina Providencia (Diario de Scoccia)
  


La primer regla: el Evangelio

Repito que nuestra primera regla sea entonces la observancia del Santo Evangelio. Mas, para cumplir el Evangelio, es necesario, ante todo, conocerlo; conocerlo bien y luego, con la ayuda de Dios, vivirlo, vivirlo en el espíritu y en la forma. Sólo así seremos verdaderos cristianos y luego seremos verdaderos religiosos, si seguimos a Jesús también en sus consejos evangélicos de la perfección. Nosotros somos cristianos en cuanto imitamos la vida y vivimos la doctrina de Cristo y seremos verdaderos religiosos, si vivimos la vida perfecta, consagrada enteramente al Señor y a la Iglesia, con los santos votos, renunciando generosamente a nosotros mismos y a las cosas del mundo, abandonados en las manos de Dios y de nuestros Superiores.
Y para que el Evangelio se pueda conocer mejor y cumplir, está bien que se imprima en nuestras mentes, pero no sólo en trozos o bocados. Por eso les recomiendo, amados míos, la lectura frecuente y el estudio del Santo Evangelio. Es por eso que la Imitación de Cristo nos dice, desde el primer capítulo: “que sea nuestro supremo estudio meditar en la vida de Jesús”. Y no dice meditar la vida, sino en la vida de Jesús, o sea entrar en lo íntimo y vivir de Jesús, de la vida de Jesús. Nosotros debemos entonces, tener el Evangelio siempre delante de los ojos, de la mente y llevarlo en el corazón, vivirlo.
Las reglas y las constituciones de los religiosos son como el jugo y el meollo del Evangelio, ellas nos enseñan precisamente el modo práctico de vivirlo, nos enseñan el camino correcto para caminar detrás del Señor, y llegar a la más alta perfección religiosa. (Carta a religiosos de la PODP. Buenos Aires, 10 de agosto de 1935).




sábado, 13 de agosto de 2016

Don Orione y el Paraguay: las primeras tratativas

El 2 de enero de 1976, el P. Terzi junto con los PP. Ángel Pellizzari y Julián Jara se encontraron con Mons. Bogarín en Paraguay. Allí trataron sobre las tres parroquias de Ñeembucú, ubicadas no lejos de Itatí. Un año más tarde, así lo recordaba el P. Ángel:

            “Recuerdo que el año pasado, el 2 de enero de 1976, fue un viernes, habíamos salido de Itatí, Rca. Argentina, rumbo a San Juan Bautista de las Misiones del Paraguay. Allá, el Obispo, Mons. Ramón Pastor Bogarín Argaña estaba esperándonos para confirmar los que desde hacia tiempo había hablado con los Superiores de la Congregación.
            Yo iba hacia una realidad no soñada, pero si deseada: vivir en el Paraguay con gente humilde y muy pobre.

            Un día escuché hablar de esa tierra, necesitada de sacerdotes y misioneros; pensé como necesario un cambio en mi trabajo apostólico; entonces, con y sin conciencia decidí por el Paraguay. Con conciencia, sabiendo lo que estaba decidiendo, sin conciencia, por no conocer ese lugar.
            Pero donde no había conciencia allí estaba un designio, o mejor dicho, una de esa decisiones previstas por santos y profetas.
            Yo no sabía nada; solamente al llegar a San Juan Bautista se me abrieron los ojos y se me despertó la conciencia, pero hasta cierto punto, porque no podía darme razón de lo que sucedía.
            Llegamos a San Juan alrededor de las 11:30 hs. de la mañana. Fuimos directamente a la casa particular del Obispo, quien llegó unos minutos después conduciendo un Citroën 3CV amarillo. Tenía la sotana envuelta en el brazo, la cruz con cadenilla en la mano; alto, y con un sonrisa que la daba vida a todo su ser. A mí me dio la sensación de habernos visto con él, de habernos conocido desde hacía mucho tiempo. En realidad, el Director General de la Congregación, a quien acompañábamos, P. Ignacio Terzi, nunca lo había visto; yo tampoco. Los PP. Victorio Michelini y Julián Jara lo habían visto una vez.
            Nos invitó a entrar en su casa mientras decía: «yo venía a prepararme para recibir al Director General de una Congregación, y él ya está esperándome; pongámonos cómodos, quítense el saco también ustedes». En verdad, ¡qué calor hacia! Después levantando los brazos salió con esta frase: «Y ahora, ¡la tercera!». En ese momento, frente a esa persona grande, solemne, con los brazos tal altos, me pareció verlo como arriba de una tarima. Y esa frase suscito en mi curiosidad por conocer qué era esas tres cosas.


            Nos sentamos casi enseguida a comer, ya que Monseñor tenía preparado para nosotros un «dorado» que, sin mentira, era realmente rico. Cominos con alegría, en una mesa ofrecida con tanta afabilidad, que fortaleció en mi el deseo de trabajar con ese Obispo tan hermano y tan amigo. Le salían las palabras, las preguntas, la sonrisa de tal manera que te hacía sentir como en tu casa.
            ¡Qué Obispo macanudo! Lleno de argumentos, de pasado, de presente, de futuro, porque nos contó de su vida, del Concilio Vaticano II, de su Diócesis, de sus luchas y, lo que más ocupó el tiempo de la siesta: de lo que le sucedió con Don Orione.
            A Don Orione lo conoció en el año 1939, a un año de su ordenación sacerdotal. Con Don Orione visitó las Casas de la Congregación de Roma, de Génova, de Tortona, de Alessandría.
Fue en Génova cuando Don Orione, con palabras como cuando uno dicta telegráficamente, dijo a Mons. Bogarín: «Tú serás Obispo – Tú serás el primer Obispo que recibirá a los Hijos de la Pequeña Obra de la Divina Providencia en el Paraguay». Hecho que se realizaba en ese momento, porque el P. Terzi había venido justamente para entregar al servicio de la Diócesis de Mons. Bogarín a dos sacerdotes: P. Jara y yo.
            ¿Y la tercera predicción? «Morirás de muerte violenta».
            Fue cuando el P. Terzi, sin dejar que el Obispo continuará, dijo: - Si es así, Monseñor, nos volvemos a nuestra casa para que no se realice la tercera predicción. - ¡Ah, no! Intervino el Obispo, lo que dijo Don Orione es sagrado.


            Mons. Bogarín veneraba a Don Orione, y pienso que en el futuro conoceremos lo que declaró para su causa de Beatificación”.

Fuente: A. Pellizzari, “A un año de distancia”, Noticias 2 (1977) 2-3.